Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escuchar como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz baja, como con miedo, le dijo:
- ¿Papá?
- Sí hija, cuéntame
- Oye quiero...que me digas la verdad
- Claro hija. Siempre te la digo.- Respondió el padre un poco sorprendido
- Es que..- titubeó Cristina- papá ¿existen los Reyes Magos?.-
El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?.
La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no se, papá,.que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas, pero como las niñas dicen eso..
- Mira hija efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero..
- ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos- ¡Me habéis engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen,-respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina
- Entonces no lo entiendo papá.
- Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
Cristina se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño!. Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí!.-exclamó Gaspar- Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.-
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo.
El Niño Jesús que desde su pobre cunita, que parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
- Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor!-dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas- Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero..no podemos tener tantos pajes... no existen tantos.
- No os preocupéis por eso -dijo Dios- yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
- ¡Sería fantástico! ¿pero cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración.
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben de querer mucho a los niños?-preguntó Dios.
- Sí claro, eso es fundamental -asintieron los tres Reyes.
- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
- Pues decidme, queridos Reyes, ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.
Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.
Y corriendo se dirigió a su cuarto regresando con su hucha en la mano mientras decía:
- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.
Y todos se abrazaron mientras a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.
CORONACIÓN CANÓNICA DE LA VIRGEN DEL YUGO
Don Francisco Pérez, Arzobispo de Pamplona comunicando la fecha de la Coronación en la Romería de septiembre de 2009
miércoles 6 de enero de 2010
martes 5 de enero de 2010
Epifanía del Señor
Himno de Vísperas de Epifanía
Confiada mira la luz dorada que a ti hoy llega, Jerusalén:
de tu Mesías ve la alborada sobre Belén.
El mundo todo ve hoy gozoso la luz divina sobre Israel;
la estrella muestra al prodigioso rey Emmanuel.
Ya los tres magos, desde el Oriente,
la estrella viendo, van de ella en pos;
dan sus primicias de amor ferviente al niño Dios.
Ofrenda de oro que es Rey declara,
incienso ofrece a Dios su olor,
predice mirra muerte preclara, pasión, dolor.
La voz del Padre, Cristo, te llama
su predilecto, sobre el Jordán.
Dios en los hombres hoy te proclama valiente Juan.
Virtud divina resplandecía
del que del agua vino sacó,
cuando el anuncio de eucaristía Caná bebió.
A darte gloria, Señor, invita
la luz que al hombre viniste a dar,
luz que nos trae gloria infinita
de amor sin par. Amén.
Confiada mira la luz dorada que a ti hoy llega, Jerusalén:
de tu Mesías ve la alborada sobre Belén.
El mundo todo ve hoy gozoso la luz divina sobre Israel;
la estrella muestra al prodigioso rey Emmanuel.
Ya los tres magos, desde el Oriente,
la estrella viendo, van de ella en pos;
dan sus primicias de amor ferviente al niño Dios.
Ofrenda de oro que es Rey declara,
incienso ofrece a Dios su olor,
predice mirra muerte preclara, pasión, dolor.
La voz del Padre, Cristo, te llama
su predilecto, sobre el Jordán.
Dios en los hombres hoy te proclama valiente Juan.
Virtud divina resplandecía
del que del agua vino sacó,
cuando el anuncio de eucaristía Caná bebió.
A darte gloria, Señor, invita
la luz que al hombre viniste a dar,
luz que nos trae gloria infinita
de amor sin par. Amén.
Cuento de Navidad: Artabán
Apreciado amigo Artabán, después de consultar los libros y preguntarles a los sabios hemos averiguado el significado de la estrella que descubriste en el cielo. No hay duda, indica el nacimiento de una persona importante, quizá, la más importante jamás nacida. Es una persona que será a la vez rey, dios y hombre. Nosotros hemos descubierto una estrella igual que la tuya y nos hemos puesto a seguirla para llegar cuanto antes al lugar del nacimiento de este niño. Espero que nos encontremos en el camino. Un saludo.
Tus amigos Gaspar, Melchor y Baltasar.
Artabán enseguida dispuso todo para emprender el camino que le indicara su estrella y alcanzar a sus amigos. Escogió sus mejores camellos, y los cargó con oro, incienso y mirra para regalárselos al niño. Pero nada más salir, se encontró con un dilema. Allá a lo lejos veía la estela de los camellos de sus compañeros, pero su estrella le indicaba un camino distinto. No sabía que hacer. Finalmente decidió seguir su estrella. Ésta se posó sobre un grupo de niños que contemplaban las estrellas. Pasaban así horas y horas pero no entendían el significado de ellas. Artabán se acercó y les explicó todas las constelaciones y también el significado de esa estrella especial indicándoles el motivo de su viaje. Los niños decidieron unirse a su expedición para buscar a esa persona tan importante. La estrella no quería que hiciera el camino solo, sino con otros niños.
Pero después de andar unos días otra vez la estrella se separó del camino. No sabían qué hacer, porque a ese ritmo llegarían los últimos y eso si es que llegaban. Pero la estrella mostraba otro camino. Artabán pensaba que quizá se había equivocado de estrella, que esta le llevaba por caminos distintos y más largos. Pero bueno, al fin y al cabo era su estrella, así que se puso a seguirla. De repente, la estrella se posó sobre una familia que estaba al borde del camino. La mamá lloraba amargamente. No tenía nada para darle de comer a su niño recién nacido que llevaba en brazos, y ya era el tercer día que estaba en esta situación. Un tiempo de sequía les había dejado sin cosecha y un terremoto sin casa. Artabán llevaba muchas cosas, pero era para regalárselas al niño que acababa de nacer, pero ¿cómo podía quedarse sin hacer nada? Cogió las monedas de oro y se las dio a la familia diciéndole: Mira, estas monedas eran para un rey, pero te las doy a ti para que puedas comer y comprarte una casa. Ya encontraré algo para regalarle al Rey.
Artabán y sus amigos emprendieron otra vez el camino. Una vez más la estrella volvía a alejarse del camino para posarse sobre un pueblo. Cuando se acercaron, del pueblo salía un olor muy malo, que al respirarlo les hacía enfermar. Casi todo el pueblo estaba enfermo por culpa de ese olor. Y ellos llevaban incienso y mirra que juntos, perfuman el ambiente y hace que desaparezcan los malos olores. Pero eran para el niño que iban a adorar, porque era Dios y hombre. Entonces oyeron el llanto enfermo de un niño recién nacido, ¿cómo dejar que esas gentes se murieran por la enfermedad? No lo pensaron más. Sacaron todo el incienso y la mirra que llevaban y perfumaron toda la ciudad, hasta que desapareció todo el mal olor. Las gentes de esa ciudad estaban muy agradecidos, pero ellos se habían quedado sin nada: Cuando se presentaran delante del niño, ¿qué le iban a regalar?
Siguieron su estrella y se encontraron a Gaspar, Melchor y Baltasar que volvían de adorarlo y les dijo donde podrían encontrar a Jesús, en Belén. Artabán y sus amigos continuaron caminando hasta llegar a Belén. Al entrar en el pueblo se preguntaban qué le iban a regalar. No les quedaba nada, lo habían dado todo. Iban a quedar muy mal delante de Jesús. Llamaron a la puerta y una mujer con un niño en brazos salió a abriles. Le sonaba mucho la cara pero no sabía quién era. De pronto, el niño empezó a llorar. Ese llanto le recordaba a alguien. ¡Oh sorpresa! Ya sabía quienes eran: la familia que habían ayudado al borde del camino, el niño que habían curado en la ciudad. Admirados, se pusieron de rodillas a adorarlo. Jesús les sonrió y la estrella brilló como nunca.
Tus amigos Gaspar, Melchor y Baltasar.
Artabán enseguida dispuso todo para emprender el camino que le indicara su estrella y alcanzar a sus amigos. Escogió sus mejores camellos, y los cargó con oro, incienso y mirra para regalárselos al niño. Pero nada más salir, se encontró con un dilema. Allá a lo lejos veía la estela de los camellos de sus compañeros, pero su estrella le indicaba un camino distinto. No sabía que hacer. Finalmente decidió seguir su estrella. Ésta se posó sobre un grupo de niños que contemplaban las estrellas. Pasaban así horas y horas pero no entendían el significado de ellas. Artabán se acercó y les explicó todas las constelaciones y también el significado de esa estrella especial indicándoles el motivo de su viaje. Los niños decidieron unirse a su expedición para buscar a esa persona tan importante. La estrella no quería que hiciera el camino solo, sino con otros niños.
Pero después de andar unos días otra vez la estrella se separó del camino. No sabían qué hacer, porque a ese ritmo llegarían los últimos y eso si es que llegaban. Pero la estrella mostraba otro camino. Artabán pensaba que quizá se había equivocado de estrella, que esta le llevaba por caminos distintos y más largos. Pero bueno, al fin y al cabo era su estrella, así que se puso a seguirla. De repente, la estrella se posó sobre una familia que estaba al borde del camino. La mamá lloraba amargamente. No tenía nada para darle de comer a su niño recién nacido que llevaba en brazos, y ya era el tercer día que estaba en esta situación. Un tiempo de sequía les había dejado sin cosecha y un terremoto sin casa. Artabán llevaba muchas cosas, pero era para regalárselas al niño que acababa de nacer, pero ¿cómo podía quedarse sin hacer nada? Cogió las monedas de oro y se las dio a la familia diciéndole: Mira, estas monedas eran para un rey, pero te las doy a ti para que puedas comer y comprarte una casa. Ya encontraré algo para regalarle al Rey.
Artabán y sus amigos emprendieron otra vez el camino. Una vez más la estrella volvía a alejarse del camino para posarse sobre un pueblo. Cuando se acercaron, del pueblo salía un olor muy malo, que al respirarlo les hacía enfermar. Casi todo el pueblo estaba enfermo por culpa de ese olor. Y ellos llevaban incienso y mirra que juntos, perfuman el ambiente y hace que desaparezcan los malos olores. Pero eran para el niño que iban a adorar, porque era Dios y hombre. Entonces oyeron el llanto enfermo de un niño recién nacido, ¿cómo dejar que esas gentes se murieran por la enfermedad? No lo pensaron más. Sacaron todo el incienso y la mirra que llevaban y perfumaron toda la ciudad, hasta que desapareció todo el mal olor. Las gentes de esa ciudad estaban muy agradecidos, pero ellos se habían quedado sin nada: Cuando se presentaran delante del niño, ¿qué le iban a regalar?
Siguieron su estrella y se encontraron a Gaspar, Melchor y Baltasar que volvían de adorarlo y les dijo donde podrían encontrar a Jesús, en Belén. Artabán y sus amigos continuaron caminando hasta llegar a Belén. Al entrar en el pueblo se preguntaban qué le iban a regalar. No les quedaba nada, lo habían dado todo. Iban a quedar muy mal delante de Jesús. Llamaron a la puerta y una mujer con un niño en brazos salió a abriles. Le sonaba mucho la cara pero no sabía quién era. De pronto, el niño empezó a llorar. Ese llanto le recordaba a alguien. ¡Oh sorpresa! Ya sabía quienes eran: la familia que habían ayudado al borde del camino, el niño que habían curado en la ciudad. Admirados, se pusieron de rodillas a adorarlo. Jesús les sonrió y la estrella brilló como nunca.
Etiquetas:
compartir,
cuentos,
navidad,
solidaridad
lunes 4 de enero de 2010
Quiero tener tu presencia
Es la letra de una canción del grupo Seguridad Social
Quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado
no quiero hablar del futuro, no quiero hablar del pasado.
No quiero hablar de esos niños que están tan desamparados.
No quiero hablar de la guerra, no quiero hablar del parado
Quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados...
...Quiero buscar un camino que no se encuentre embarrado...
No quiero hablar del mendigo, no quiero hablar del esclavo.
No quiero hablar pero hablo y empiezo a estar ya cansado
de muy buenas intenciones sin entregar nada a cambio.
Quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados...
Quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados...
Quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados...
No quiero que des la espalda hay que tomárselo en serio
basta de palabras, busquemos remedio.
Vamos a hacer el camino con decisión
y coraje sin pensar que el viaje llegue a su destino...
Quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados...
Quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado
no quiero hablar del futuro, no quiero hablar del pasado.
No quiero hablar de esos niños que están tan desamparados.
No quiero hablar de la guerra, no quiero hablar del parado
Quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados...
...Quiero buscar un camino que no se encuentre embarrado...
No quiero hablar del mendigo, no quiero hablar del esclavo.
No quiero hablar pero hablo y empiezo a estar ya cansado
de muy buenas intenciones sin entregar nada a cambio.
Quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados...
Quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados...
Quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados...
No quiero que des la espalda hay que tomárselo en serio
basta de palabras, busquemos remedio.
Vamos a hacer el camino con decisión
y coraje sin pensar que el viaje llegue a su destino...
Quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados
no quiero hablar de la lucha si no estamos preparados...
Un guía novato (Cuento de Navidad)
Duba es un ángel negro que ha llegado hace muy poco al cielo. Se acerca una fecha muy señalada y necesitan un voluntario para viajar hasta la tierra. El se ofrece para llevar a cabo una delicada misión
Duba había nacido poco antes de que una banda de ladrones de ganado atacara el poblado. El ataque duró sólo unos minutos, pero fue tan despiadado y cruel que ninguno de los habitantes de aquel poblado logró salvar la vida.
Ya en el cielo, Duba oía hablar a los ángeles de las bonitas experiencias vividas en la Tierra cuando realizaban misiones especiales. Él, siempre al margen y silencioso, intentaba imaginar la belleza de la tierra, la generosidad y la cordialidad de sus gentes. Pero sus intentos eran vanos. Lo único que podía recordar era la sonrisa de su madre al verla por primera vez y la oscuridad. Duba pensaba que era injusto lo que le había ocurrido. Merecía otra oportunidad para sentirse vivo y descubrir los encantos y las maravillas de la tierra.
Un día en el cielo se estaba buscando un voluntario para ir a la Tierra y guiar a los Reyes magos desde Oriente hasta la ciudad de Belén. Iba a nacer un niño muy especial. Sin dudarlo ni un momento, Duba se ofreció como voluntario. Los demás ángeles se rieron de él. Era pequeñín, no sabía cabalgar sobre las estrellas, no conocía ninguna de las lenguas terrestres y además era calvito. Le llamaban “Chocolatín” debido al color de su piel. Pero Dios-padre, que ve con los ojos del corazón, no dudó en elegir a Duba.
El momento llegó. Se subió a una estrella y descendió hasta la tierra. Cuando ya estaba acercándose a su destino, la estrella se paró de repente. El parón fue tan brusco que Duba cayó en picado. Ya contaba con un doloroso aterrizaje, pero la suerte de los principiantes. Fue a hacer sobre el lomo suave de una oveja.
Los pastores se acercaron con mucha precaución. Se aproximaron tanto que Duba podía sentir el calor de su aliento. Recuperado del susto y medio tartamudeando les dijo:
-Queridos Reyes Magos, debéis ir a Belén y adorar al niño que ha nacido. Es el Hijo de Dios. La estrella que allí veis, os guiará.
El pánico se apoderó de los pastores. Ni eran reyes ni magos. Pensaban huir corriendo, pero en ese momento algo les dejó fuera de sí. Los ángeles del cielo comenzaron a cantar:
-Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.
Aquel canto convirtió su miedo en alegría y confianza. El temblor de sus rodillas cesó. Sin pensarlo recogieron sus cosas, cargaron a Duba en sus hombros y se dirigieron a Belén siguiendo el rastro de la estrella.
Cuando la estrella se detuvo, vieron en un portal a José y María con su hijito. Los pastores descargaron sus fardos y les ofrecieron pan, leche y suaves pieles para arropar al niño.
Duba se emocionó viendo la generosidad de los pastores y la escena que contemplaban sus ojos. Pero cuando más ensimismado estaba, un hilo fino y casi invisible le cosquilleó la nariz. Duba lo agarró. Era tan suave y delicado como el hilo de una telaraña, pero era lo suficientemente fuerte como para elevarlo de nuevo a las alturas.
De regreso al cielo, temía que Dios-Padre le regañase por haber confundido a los pastores con los Reyes Magos. Pero su temor era infundado, ya que un ángel experimentado había guiado a los Reyes Magos hasta Belén.
Cuentan las crónicas celestiales que cuando las almas de los pastores llegaron al cielo, lo primero que hicieron fue preguntar por el angelito que les había confundido con los Reyes magos. Gracias a su error, ellos habían sido los primeros en adorar al Niño y en ofrecerle sus humildes regalos. Se sentían tan agradecidos y orgullosos, que cuando vieron a Duba le abrazaron con gran alegría y le dijeron:
-Gracias a ti hemos comprobado que los más pobres y humildes para los hombres son los privilegiados para el Padre.
Y se fundieron en un fuerte abrazo.
Duba había nacido poco antes de que una banda de ladrones de ganado atacara el poblado. El ataque duró sólo unos minutos, pero fue tan despiadado y cruel que ninguno de los habitantes de aquel poblado logró salvar la vida.
Ya en el cielo, Duba oía hablar a los ángeles de las bonitas experiencias vividas en la Tierra cuando realizaban misiones especiales. Él, siempre al margen y silencioso, intentaba imaginar la belleza de la tierra, la generosidad y la cordialidad de sus gentes. Pero sus intentos eran vanos. Lo único que podía recordar era la sonrisa de su madre al verla por primera vez y la oscuridad. Duba pensaba que era injusto lo que le había ocurrido. Merecía otra oportunidad para sentirse vivo y descubrir los encantos y las maravillas de la tierra.
Un día en el cielo se estaba buscando un voluntario para ir a la Tierra y guiar a los Reyes magos desde Oriente hasta la ciudad de Belén. Iba a nacer un niño muy especial. Sin dudarlo ni un momento, Duba se ofreció como voluntario. Los demás ángeles se rieron de él. Era pequeñín, no sabía cabalgar sobre las estrellas, no conocía ninguna de las lenguas terrestres y además era calvito. Le llamaban “Chocolatín” debido al color de su piel. Pero Dios-padre, que ve con los ojos del corazón, no dudó en elegir a Duba.
El momento llegó. Se subió a una estrella y descendió hasta la tierra. Cuando ya estaba acercándose a su destino, la estrella se paró de repente. El parón fue tan brusco que Duba cayó en picado. Ya contaba con un doloroso aterrizaje, pero la suerte de los principiantes. Fue a hacer sobre el lomo suave de una oveja.
Los pastores se acercaron con mucha precaución. Se aproximaron tanto que Duba podía sentir el calor de su aliento. Recuperado del susto y medio tartamudeando les dijo:
-Queridos Reyes Magos, debéis ir a Belén y adorar al niño que ha nacido. Es el Hijo de Dios. La estrella que allí veis, os guiará.
El pánico se apoderó de los pastores. Ni eran reyes ni magos. Pensaban huir corriendo, pero en ese momento algo les dejó fuera de sí. Los ángeles del cielo comenzaron a cantar:
-Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.
Aquel canto convirtió su miedo en alegría y confianza. El temblor de sus rodillas cesó. Sin pensarlo recogieron sus cosas, cargaron a Duba en sus hombros y se dirigieron a Belén siguiendo el rastro de la estrella.
Cuando la estrella se detuvo, vieron en un portal a José y María con su hijito. Los pastores descargaron sus fardos y les ofrecieron pan, leche y suaves pieles para arropar al niño.
Duba se emocionó viendo la generosidad de los pastores y la escena que contemplaban sus ojos. Pero cuando más ensimismado estaba, un hilo fino y casi invisible le cosquilleó la nariz. Duba lo agarró. Era tan suave y delicado como el hilo de una telaraña, pero era lo suficientemente fuerte como para elevarlo de nuevo a las alturas.
De regreso al cielo, temía que Dios-Padre le regañase por haber confundido a los pastores con los Reyes Magos. Pero su temor era infundado, ya que un ángel experimentado había guiado a los Reyes Magos hasta Belén.
Cuentan las crónicas celestiales que cuando las almas de los pastores llegaron al cielo, lo primero que hicieron fue preguntar por el angelito que les había confundido con los Reyes magos. Gracias a su error, ellos habían sido los primeros en adorar al Niño y en ofrecerle sus humildes regalos. Se sentían tan agradecidos y orgullosos, que cuando vieron a Duba le abrazaron con gran alegría y le dijeron:
-Gracias a ti hemos comprobado que los más pobres y humildes para los hombres son los privilegiados para el Padre.
Y se fundieron en un fuerte abrazo.
domingo 3 de enero de 2010
Villancico del AMOR descielado
Antonio Bellido Almeida
La PALABRA era la VIDA de la vida enamorada.
Pero aquellos que quisieron darle puerta y ventana
les concedió ser los hijos del PADRE COMÚN, el ¡ABBA!
El hombre es hijo de Dios y «carne»fue la PALABRA.
Arrodilla el corazón que Dios cabe en nuestra casa.
La PALABRA se hizo CARNE y aquí puso su morada.
La PALABRA se hizo NIÑO y se anuló la distancia
y contemplaron su GLORIA, vieron al PADRE en su CARA.
Pero nosotros, felices, tocamos de Dios su GRACIA.
Navidad nos lo recuerda, toda la historia es sagrada.
La PALABRA se hizo LLANTO en la piel de cada lágrima.
Ya no es la vida destierro, ni túnel la noche amarga,
que el NIÑO cabe en el cuenco de mis ojos, de mi palma.
Ya no es silencio respuesta, ni sombra muerte anunciada,
que el VERBO es LUZ y VIDA para el hombre que le aguarda.
La PALABRA se hizo GOZO y el gozo, grito del alba.
La PALABRA era la VIDA de la vida enamorada.
Pero aquellos que quisieron darle puerta y ventana
les concedió ser los hijos del PADRE COMÚN, el ¡ABBA!
El hombre es hijo de Dios y «carne»fue la PALABRA.
Arrodilla el corazón que Dios cabe en nuestra casa.
La PALABRA se hizo CARNE y aquí puso su morada.
La PALABRA se hizo NIÑO y se anuló la distancia
y contemplaron su GLORIA, vieron al PADRE en su CARA.
Pero nosotros, felices, tocamos de Dios su GRACIA.
Navidad nos lo recuerda, toda la historia es sagrada.
La PALABRA se hizo LLANTO en la piel de cada lágrima.
Ya no es la vida destierro, ni túnel la noche amarga,
que el NIÑO cabe en el cuenco de mis ojos, de mi palma.
Ya no es silencio respuesta, ni sombra muerte anunciada,
que el VERBO es LUZ y VIDA para el hombre que le aguarda.
La PALABRA se hizo GOZO y el gozo, grito del alba.
Una historia de Navidad
Aconteció que una familia obrera formada por Pepe y Mari esperaba una criatura. Pepe tenía en es momento un trabajo de peón de seis meses de duración, nunca había tenido un empleo estable. Su vida laboral era de trabajo en trabajo con contratos de corta duración. Mari estaba en la economía sumergida, poniendo asas a bolsos. Tenía que echar muchas horas para ganar algo. La suma de los dos sueldos no daba para mucho y menos para pagar el préstamo de su piso de 70 metros cuadrados. Con el tiempo se le juntaron demasiados recibos sin pagar. El banco ejecutó el desahucio. Ni siquiera sirvió la petición desesperada de Mari y Pepe de esperar unos pocos meses después de dar a luz. La ley no defiende a los pobres ni a los débiles, es la ley de los fuertes contra los indefensos.
Fue un día frío de enero cuando la orden judicial se aplicó con rigor. Mari y Pepe se quedaron en la calle. Un vecino tuvo la amabilidad de permitirles dejar sus pocos enseres en un almacén. Fueron buscando alguna pensión, pero o estaban cerradas o no querían darles habitación por la pinta que tenían. Les decían lo mismo una y otra vez:
- "Aquí no hay sitio para vosotros”.
La tristeza, la angustia, la desolación hicieron mella en Mari. Aunque según sus cuentas faltaban veinte días para dar a luz, se puso de parto. Las circunstancias de la vida hicieron que en ese mismo instante estuvieran pasando por un descampado de la periferia; Pepe miró y buscó con ansiedad a alguien que les ayudara, pero no vio a nadie, sólo vio una fábrica cerrada, vieja, cochambrosa. Pepe cogió de la mano a Mari, le dio un beso en la frente y le ayudó a llegar a la fábrica.
Allí se encontraron con un grupo de hombres y mujeres inmigrantes alrededor de una lumbre, cenando algunas latas y pan. Mari y Pepe se asustaron, pero estos inmigrantes les sonrieron y prepararon con sus viejos enseres una cama. Las mujeres ayudaron a dar a luz a Mari. Nació un niño de poco peso, porque, como dijimos antes, sus sueldos no daban para mucho y los precios de los alimentos estaban por las nubes. La alegría fue enorme. Una fábrica cerrada por una de tantas reconversiones, que buscaban el máximo beneficio económico por encima de las personas, había servido de cuna para alumbrar una vida.
Mari y Pepe miraban a este niño con un inmenso cariño: a veces la vida se abre entre tantas injusticias. Pepe dirigió su mirada hacia los inmigrantes, una mirada de agradecimiento y de perdón, porque él había pensado en infinidad de ocasiones que no eran buena gente y que quitaban el trabajo a los del lugar. Se sintió hermano con ellos. Pero, esa mágica noche no acabó así. Sin saber muy bien por qué apareció Antonio, María, Isabel, Pedro, Luis, Juan, Carlos, Paco, Juana... gente obrera, sencilla, cansada de echar muchas horas de trabajo en turnos, con un jornal pequeño y siempre con el miedo al despido o a no renovar el contrato.
Pepe y Mari quedaron desconcertados, no entendían nada, absolutamente nada. Uno de ellos se acercó y les dijo:
- Hace tiempo esperábamos a un Salvador, alguien que nos liberara de la opresión y la resignación. Mari, Pepe, ese Salvador es vuestro hijo, dijeron.
Tuvieron que pasar muchos años para que Mari y Pepe entendieran lo que les acaba de suceder.
Este acontecimiento abrió el horizonte de una nueva esperanza, porque Dios está con-nosotros, no contra-nosotros. El nacimiento de Jesús de Nazaret fue una Buena Noticia, siendo los primeros que la recibieron los más humildes y olvidados de la sociedad.
Fue un día frío de enero cuando la orden judicial se aplicó con rigor. Mari y Pepe se quedaron en la calle. Un vecino tuvo la amabilidad de permitirles dejar sus pocos enseres en un almacén. Fueron buscando alguna pensión, pero o estaban cerradas o no querían darles habitación por la pinta que tenían. Les decían lo mismo una y otra vez:
- "Aquí no hay sitio para vosotros”.
La tristeza, la angustia, la desolación hicieron mella en Mari. Aunque según sus cuentas faltaban veinte días para dar a luz, se puso de parto. Las circunstancias de la vida hicieron que en ese mismo instante estuvieran pasando por un descampado de la periferia; Pepe miró y buscó con ansiedad a alguien que les ayudara, pero no vio a nadie, sólo vio una fábrica cerrada, vieja, cochambrosa. Pepe cogió de la mano a Mari, le dio un beso en la frente y le ayudó a llegar a la fábrica.
Allí se encontraron con un grupo de hombres y mujeres inmigrantes alrededor de una lumbre, cenando algunas latas y pan. Mari y Pepe se asustaron, pero estos inmigrantes les sonrieron y prepararon con sus viejos enseres una cama. Las mujeres ayudaron a dar a luz a Mari. Nació un niño de poco peso, porque, como dijimos antes, sus sueldos no daban para mucho y los precios de los alimentos estaban por las nubes. La alegría fue enorme. Una fábrica cerrada por una de tantas reconversiones, que buscaban el máximo beneficio económico por encima de las personas, había servido de cuna para alumbrar una vida.
Mari y Pepe miraban a este niño con un inmenso cariño: a veces la vida se abre entre tantas injusticias. Pepe dirigió su mirada hacia los inmigrantes, una mirada de agradecimiento y de perdón, porque él había pensado en infinidad de ocasiones que no eran buena gente y que quitaban el trabajo a los del lugar. Se sintió hermano con ellos. Pero, esa mágica noche no acabó así. Sin saber muy bien por qué apareció Antonio, María, Isabel, Pedro, Luis, Juan, Carlos, Paco, Juana... gente obrera, sencilla, cansada de echar muchas horas de trabajo en turnos, con un jornal pequeño y siempre con el miedo al despido o a no renovar el contrato.
Pepe y Mari quedaron desconcertados, no entendían nada, absolutamente nada. Uno de ellos se acercó y les dijo:
- Hace tiempo esperábamos a un Salvador, alguien que nos liberara de la opresión y la resignación. Mari, Pepe, ese Salvador es vuestro hijo, dijeron.
Tuvieron que pasar muchos años para que Mari y Pepe entendieran lo que les acaba de suceder.
Este acontecimiento abrió el horizonte de una nueva esperanza, porque Dios está con-nosotros, no contra-nosotros. El nacimiento de Jesús de Nazaret fue una Buena Noticia, siendo los primeros que la recibieron los más humildes y olvidados de la sociedad.
sábado 2 de enero de 2010
Reflexión: en el silencio de la Navidad
En el silencio de la noche, entre dolores de parto, se oye un llanto, leve al principio, vigoroso después. El llanto de un recién nacido, frágil. Una madre, joven, comienza a respirar de forma más sofocada. Un padre, inexperto, hace lo que puede por limpiar tanto al uno como a la otra. Por toda compañía, dice la tradición, una mula y un buey.
No interrumpen su rumiar. En el silencio de la posada, algunos cambian de lado entre sueños. Qué habrá sido eso. Y siguen durmiendo ajenos a lo que sucede a unos metros de sus camas. Y, sin embargo, acaba de cambiar el curso de la Humanidad. Dios vuelve a hablar a su manera, desde el suave susurro de la brisa, desde la triste indiferencia de la noche.
Llega la hora del sueño para los pastores. Perra vida. Despojos de la sociedad judía. Los sucios a los que nadie quiere por compañía. Uñas negras, dientes sueltos. Desechos que viven entre ovejas. Qué paradoja: los elegidos, a ojos de Dios, para dar a conocer al hombre su verdadero rostro, criatura a su imagen y semejanza, por medio del niño.
Los primeros. De nuevo, el Misterio. “Ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor”, atrona una voz celestial. A duras penas entienden el mensaje. Se repite tres y hasta cuatro veces.
Dudas, miradas cruzadas, estupefacción. Y respuesta. Porque Dios no habla al oído, dispara directo al corazón, deseando que acoja su mensaje. Un requisito, sencillez, capacidad de escucha. Quien nada pierde, todo lo gana. Allá que se ponen en camino. Sin entender, confiados. Como un eco del primigenio fiat, de María, nueve meses antes.
Nunca obra tan importante contara con peor reparto. Un niño desvalido, una madre dolorida, un padre preocupado, hace frío, y un puñado de pastores imantados por una realidad que les supera. Un ángel pone la nota de glamour mientras que, de fondo, se oyen los balidos de las ovejas. Y, sin embargo, vio Dios que era bueno.
De lejos se oyen pisadas. Contra la luna tres siluetas recortadas. Camellos. Mejora el atrezzo. Llegan de donde nace el Sol. Son los Magos de Oriente. Abiertos a la acción de Dios, buscaban una señal. Y la encontraron. Como los pastores, no dudaron en ponerse en camino en ese mismo momento. No hay nada más importante que encontrarse con el propio destino, que encontrarse con Dios hecho hombre. Nada. Bonita lección. Primero, pasan de largo. Hay bullicio ahí abajo. Qué harán esos pastores en aquel corralucho.
Sigamos. Pero la señal no se mueve. Y la curiosidad les puede. Se acercan sigilosos. Una mirada, una constatación. El cansancio del camino ha desaparecido, la inquietud de sus almas duerme y la claridad de la presencia divina se impone. Se postran delante del pesebre, incapaces de levantar la mirada. Siendo reyes se encuentran con el Rey; buscando el Poder, descubren un poder que cambiaría el mundo. Hermanados con los pastores en la adoración del niño, ya nada volvería a ser lo mismo.
No interrumpen su rumiar. En el silencio de la posada, algunos cambian de lado entre sueños. Qué habrá sido eso. Y siguen durmiendo ajenos a lo que sucede a unos metros de sus camas. Y, sin embargo, acaba de cambiar el curso de la Humanidad. Dios vuelve a hablar a su manera, desde el suave susurro de la brisa, desde la triste indiferencia de la noche.
Llega la hora del sueño para los pastores. Perra vida. Despojos de la sociedad judía. Los sucios a los que nadie quiere por compañía. Uñas negras, dientes sueltos. Desechos que viven entre ovejas. Qué paradoja: los elegidos, a ojos de Dios, para dar a conocer al hombre su verdadero rostro, criatura a su imagen y semejanza, por medio del niño.
Los primeros. De nuevo, el Misterio. “Ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor”, atrona una voz celestial. A duras penas entienden el mensaje. Se repite tres y hasta cuatro veces.
Dudas, miradas cruzadas, estupefacción. Y respuesta. Porque Dios no habla al oído, dispara directo al corazón, deseando que acoja su mensaje. Un requisito, sencillez, capacidad de escucha. Quien nada pierde, todo lo gana. Allá que se ponen en camino. Sin entender, confiados. Como un eco del primigenio fiat, de María, nueve meses antes.
Nunca obra tan importante contara con peor reparto. Un niño desvalido, una madre dolorida, un padre preocupado, hace frío, y un puñado de pastores imantados por una realidad que les supera. Un ángel pone la nota de glamour mientras que, de fondo, se oyen los balidos de las ovejas. Y, sin embargo, vio Dios que era bueno.
De lejos se oyen pisadas. Contra la luna tres siluetas recortadas. Camellos. Mejora el atrezzo. Llegan de donde nace el Sol. Son los Magos de Oriente. Abiertos a la acción de Dios, buscaban una señal. Y la encontraron. Como los pastores, no dudaron en ponerse en camino en ese mismo momento. No hay nada más importante que encontrarse con el propio destino, que encontrarse con Dios hecho hombre. Nada. Bonita lección. Primero, pasan de largo. Hay bullicio ahí abajo. Qué harán esos pastores en aquel corralucho.
Sigamos. Pero la señal no se mueve. Y la curiosidad les puede. Se acercan sigilosos. Una mirada, una constatación. El cansancio del camino ha desaparecido, la inquietud de sus almas duerme y la claridad de la presencia divina se impone. Se postran delante del pesebre, incapaces de levantar la mirada. Siendo reyes se encuentran con el Rey; buscando el Poder, descubren un poder que cambiaría el mundo. Hermanados con los pastores en la adoración del niño, ya nada volvería a ser lo mismo.
Etiquetas:
contemplación,
humildad,
navidad,
orar,
rezar
El ángel de los niños
Cuenta una leyenda que a un angelito que estaba en el cielo, le tocó su turno de nacer como niño y le dijo un día a Dios:
- Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra. ¿Pero, cómo vivir? tan pequeño e indefenso como soy.
- Entre muchos ángeles escogí uno para ti, que te está esperando y que te cuidará.
- Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz.
- Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.
- ¿Y cómo entender lo que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?
- Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y con cariño te enseñará a hablar.
- ¿Y qué haré cuando quiera hablar contigo?
- Tu ángel te juntará las manitas te enseñará a orar y podrás hablarme.
- He oído que en la tierra hay hombres malos. ¿Quién me defenderá?
- Tu ángel te defenderá más aún a costa de su propia vida.
- Pero estaré siempre triste porque no te veré más señor.
- Tu ángel te hablará siempre de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado.
En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestres, y el niño presuroso repetía con lágrimas en sus ojitos sollozando…
-¡Dios mío, si ya me voy dime su nombre! ¿Cómo se llama mi ángel?
- Su nombre no importa, tú le dirás: mamá.
- Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra. ¿Pero, cómo vivir? tan pequeño e indefenso como soy.
- Entre muchos ángeles escogí uno para ti, que te está esperando y que te cuidará.
- Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz.
- Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.
- ¿Y cómo entender lo que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?
- Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y con cariño te enseñará a hablar.
- ¿Y qué haré cuando quiera hablar contigo?
- Tu ángel te juntará las manitas te enseñará a orar y podrás hablarme.
- He oído que en la tierra hay hombres malos. ¿Quién me defenderá?
- Tu ángel te defenderá más aún a costa de su propia vida.
- Pero estaré siempre triste porque no te veré más señor.
- Tu ángel te hablará siempre de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado.
En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestres, y el niño presuroso repetía con lágrimas en sus ojitos sollozando…
-¡Dios mío, si ya me voy dime su nombre! ¿Cómo se llama mi ángel?
- Su nombre no importa, tú le dirás: mamá.
jueves 31 de diciembre de 2009
Deseos para el Nuevo Año
Sí, son esos mensajes que recibimos en el móvil, para alguno no dejan de ser frases cursis, pero también encierran esos buenos deseos que a veces englobamos cuando deseamos ¡Feliz año nuevo!
Con esa intención os las ofrezco.
Te deseo…
tanta suerte como gotas tiene la lluvia,
tanto amor como rayos tiene el sol y
tanta felicidad como estrellas tiene el cielo.
Si tu vida es luchar… vence, si es amar… ama,
si es ilusión… despierta,
Pero si tu felicidad depende de mi cariño…
…considérate la persona más feliz del mundo.
Si no sabes qué regalar a tus seres más queridos en Navidad…
…regálales tu amor.
Tal vez el mejor adorno de Navidad sea una gran sonrisa.
Que la lluvia de la paz, la esperanza, la felicidad y el amor
te pille con el paraguas roto
y salpique a todos los que estamos en tu entorno.
Para los buenos momentos… gratitud,
para los malos… mucha esperanza,
para cada día… una ilusión, y siempre… felicidad.
He visto a la FELICIDAD y me ha dicho que iba a tu casa.
Le he pedido que llevase también a la SALUD y al AMOR.
Trátalos bien… van de mi parte.
Un sabio dijo: la riqueza de un humano se mide
por la cantidad y calidad de los amigos que tiene…
…gracias por ser parte de mi fortuna.
Que nunca te falte
un sueño por el que luchar, un proyecto que realizar,
algo que aprender, un lugar a donde ir,
y alguien a quien querer.
Estas frases son una cajita de paz llena de alegría,
envuelta con cariño,
sellada con una sonrisa y enviada con un beso.
Con esa intención os las ofrezco.
Te deseo…
tanta suerte como gotas tiene la lluvia,
tanto amor como rayos tiene el sol y
tanta felicidad como estrellas tiene el cielo.
Si tu vida es luchar… vence, si es amar… ama,
si es ilusión… despierta,
Pero si tu felicidad depende de mi cariño…
…considérate la persona más feliz del mundo.
Si no sabes qué regalar a tus seres más queridos en Navidad…
…regálales tu amor.
Tal vez el mejor adorno de Navidad sea una gran sonrisa.
Que la lluvia de la paz, la esperanza, la felicidad y el amor
te pille con el paraguas roto
y salpique a todos los que estamos en tu entorno.
Para los buenos momentos… gratitud,
para los malos… mucha esperanza,
para cada día… una ilusión, y siempre… felicidad.
He visto a la FELICIDAD y me ha dicho que iba a tu casa.
Le he pedido que llevase también a la SALUD y al AMOR.
Trátalos bien… van de mi parte.
Un sabio dijo: la riqueza de un humano se mide
por la cantidad y calidad de los amigos que tiene…
…gracias por ser parte de mi fortuna.
Que nunca te falte
un sueño por el que luchar, un proyecto que realizar,
algo que aprender, un lugar a donde ir,
y alguien a quien querer.
Estas frases son una cajita de paz llena de alegría,
envuelta con cariño,
sellada con una sonrisa y enviada con un beso.
Navidad no es cuento
Ariel David Busso
Alguien me acercó un cuento de Navidad que leyó en alguna parte. Lo contaré a continuación porque realiza un hermoso viaje al corazón de Jesús Niño.
Se dice que, cuando los pastores se alejaron y la quietud volvió, el niño del pesebre levantó la cabeza y miró la puerta entreabierta. Un muchacho joven, tímido, estaba allí, temblando y temeroso.
- Acércate -le dijo Jesús- ¿Por qué tienes miedo?
- No me atrevo… no tengo nada para darte.
- Me gustaría que me des un regalo -dijo el recién nacido.
El pequeño intruso enrojeció de vergüenza y balbuceó:
- De verdad no tengo nada… nada es mío, si tuviera algo, algo mío, te lo daría… mira.
Y buscando en los bolsillos de su pantalón andrajoso, sacó una hoja de cuchillo herrumbrada que había encontrado.
- Es todo lo que tengo, si la quieres, te la doy…
- No -contestó Jesús- guárdala. Querría que me dieras otra cosa. Me gustaría que me hicieras tres regalos.
- Con gusto -dijo el muchacho- pero… ¿qué?
- Ofréceme el último de tus dibujos.
El chico, cohibido, enrojeció. Se acercó al pesebre y, para impedir que María y José lo oyeran, murmuró algo al oído del Niño Jesús:
- No puedo… mi dibujo es horrible… ¡Nadie quiere mirarlo…!
- Justamente, por eso lo quiero… siempre tienes que ofrecerme lo que los demás rechazan y lo que no les gusta de ti. Además quisiera que me dieras tu plato.
- Pero… ¡Lo rompí esta mañana! -tartamudeó el chico.
- Por eso lo quiero… Debes ofrecerme siempre lo que está quebrado en tu vida, yo quiero arreglarlo… Y ahora -insistió Jesús- repíteme la respuesta que le diste a tus padres cuando te preguntaron como habías roto el plato.
El rostro del muchacho se ensombreció, bajó la cabeza avergonzado y, tristemente, murmuró:
- Les mentí… Dije que el plato se me cayó de las manos, pero no era cierto… ¡Estaba enfadado y lo tiré con rabia!
- Eso es lo que quería oírte decir -dijo Jesús- Dame siempre lo que hay de malo en tu vida, tus mentiras, tus calumnias, tus cobardías, tus crueldades. Yo voy a descargarte de ellas… No tienes necesidad de guardarlas… Quiero que seas feliz y siempre voy a perdonarte tus faltas. A partir de hoy me gustaría que vinieras todos los días a mi casa.
Alguien me acercó un cuento de Navidad que leyó en alguna parte. Lo contaré a continuación porque realiza un hermoso viaje al corazón de Jesús Niño.
Se dice que, cuando los pastores se alejaron y la quietud volvió, el niño del pesebre levantó la cabeza y miró la puerta entreabierta. Un muchacho joven, tímido, estaba allí, temblando y temeroso.
- Acércate -le dijo Jesús- ¿Por qué tienes miedo?
- No me atrevo… no tengo nada para darte.
- Me gustaría que me des un regalo -dijo el recién nacido.
El pequeño intruso enrojeció de vergüenza y balbuceó:
- De verdad no tengo nada… nada es mío, si tuviera algo, algo mío, te lo daría… mira.
Y buscando en los bolsillos de su pantalón andrajoso, sacó una hoja de cuchillo herrumbrada que había encontrado.
- Es todo lo que tengo, si la quieres, te la doy…
- No -contestó Jesús- guárdala. Querría que me dieras otra cosa. Me gustaría que me hicieras tres regalos.
- Con gusto -dijo el muchacho- pero… ¿qué?
- Ofréceme el último de tus dibujos.
El chico, cohibido, enrojeció. Se acercó al pesebre y, para impedir que María y José lo oyeran, murmuró algo al oído del Niño Jesús:
- No puedo… mi dibujo es horrible… ¡Nadie quiere mirarlo…!
- Justamente, por eso lo quiero… siempre tienes que ofrecerme lo que los demás rechazan y lo que no les gusta de ti. Además quisiera que me dieras tu plato.
- Pero… ¡Lo rompí esta mañana! -tartamudeó el chico.
- Por eso lo quiero… Debes ofrecerme siempre lo que está quebrado en tu vida, yo quiero arreglarlo… Y ahora -insistió Jesús- repíteme la respuesta que le diste a tus padres cuando te preguntaron como habías roto el plato.
El rostro del muchacho se ensombreció, bajó la cabeza avergonzado y, tristemente, murmuró:
- Les mentí… Dije que el plato se me cayó de las manos, pero no era cierto… ¡Estaba enfadado y lo tiré con rabia!
- Eso es lo que quería oírte decir -dijo Jesús- Dame siempre lo que hay de malo en tu vida, tus mentiras, tus calumnias, tus cobardías, tus crueldades. Yo voy a descargarte de ellas… No tienes necesidad de guardarlas… Quiero que seas feliz y siempre voy a perdonarte tus faltas. A partir de hoy me gustaría que vinieras todos los días a mi casa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


